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martes, 14 de junio de 2011

CHUCHO VALDES EN bOGOTA

Chucho Valdés & Afro-Cuban Messengers, el martes en el Teatro Jorge Eliécer Gaitán

El gigante que se renueva

Por: Manuel Dueñas Peluffo

TOMADO DE EL ESPECTADOR

El pianista cubano Chucho Valdés obtuvo un Premio Grammy con ‘Chucho’s Step’, su más reciente trabajo musical.

Chucho Valdés
Foto: EFE




Los arreglos eran otros. También la convicción. Aquella versión de Embraceable you, la pieza clásica de George Gershwin, mostraba detalles inéditos, a los que nadie estaba demasiado acostumbrado. La obra de Chucho Valdés, usualmente amplia y altisonante, se volcaba (al menos en esa pieza, al menos en esos silencios) a la intimidad. Acordes hondos, frases delicadas. Bolero. Lirismo.

Valdés grabó aquella lectura en Briyumba Palo Congo, un disco que continuaría una trilogía inconsciente, no demasiado deliberada. Aunque Bele Bele en La Habana y New Conceptions (los otros dos discos que conformarían esa trilogía apenas probable, apenas causal) difieren en concepto y estética, algunos principios parecían regirlo todo: la idea de mantener el cuarteto como formato, como punto de partida; la exploración del cancionero popular (y habría que pensar en la singular forma de leer Los Caminos, de Pablo Milanés); la necesidad de asumir el jazz a partir de otros supuestos, de otras postales, de otros caminos no transitados.

Tras revolucionarlo todo con Irakere (la banda de los unísonos imposibles, absolutos, infinitos), Valdés buscaba un espacio más personal (y acaso también más privado) con el piano. El cuarteto fue ese lugar, tal vez un poderoso caldo de cultivo. Las ideas que acumuló y desarrolló en esos discos tienen sentido en Chucho’s Step, el trabajo que el cubano publicó el año pasado y le valió el Grammy como mejor disco de jazz latino.

Ya la revista Jazzis había hablado de Irakere como una larga respuesta afrocubana a los Jazz Messengers, la legendaria formación que comandaron el baterista Art Blakey y el pianista Horace Silver, y que funcionó como epítome de un estilo (el hard-bop). Sin embargo, puede que la réplica más nítida, más contundente, sea esta: un cuarteto ampliado con los colores de dos vientos.

El propio Valdés ha aceptado que esta formación, que se presentará mañana en el Teatro Jorge Eliécer Gaitán, es una forma de devolver el mensaje que alguna vez le dieron los Messengers: el despliegue de un par de solistas sobre una base rítmica. Y, en todo caso, una forma de saludar la historia, el legado. El cubano sabe también que a lo largo de los años ha creado una escuela, tal como lo hicieron Blakey y Silver. (En ese sentido, es agradable comprobar la presencia del percusionista Yaroldy Abreu y del contrabajista Lázaro Alarcón en el disco, dos músicos que lo han acompañado durante la última década).

Valdés se tomó su tiempo antes de grabar (no volvía al estudio con un formato así desde 2002). Chucho’s Step lo refrenda: por momentos, el disco no se parece a nada de lo anterior. No es que, como suele suceder, el trabajo suene a cosas que el cubano ya ha dicho antes y mejor. Por el contrario, la música es fresca, novedosa, intrigante. En rigor, puede que ése sea el mayor mérito: que el pianista todavía pueda reinventarse, moverse por zonas que no había explorado tan bien antes. Aunque hay referencias claras al pasado (el uso de los tambores batá recuerda muy bien a Jazz Batá, el trío de batás, contrabajo y piano que Valdés tuvo en los 70), una pieza como Yansá nos devuelve muy bien al presente: la riqueza de los patrones rítmicos, la voz maciza y colorida del percusionista Dreiser Durruthy Bambolé cantando en yoruba.

Y entonces Chucho Valdés parece lograr lo más difícil: dar la impresión de que todavía tiene nuevas (y mejores) cosas por decir.

Chucho Valdés & Afro-Cuban Messengers. Martes 14 de junio, 7:30 p.m. Teatro Jorge Eliécer Gaitán, Carrera 7ª N° 22-47. Informes y boletería: 5 93 63 00 y www.tuboleta.com