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lunes, 26 de septiembre de 2011

Especial ARSENIO RODRIGUEZ

ARSENIO RODRIGUEZ

El tresero que tenía la música adentro

considerado por muchos “padre de la salsa”.
Por David Sosa

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Arsenio Rodríguez, el “ciego maravilloso”, es uno de los grandes músicos cubanos de todos los tiempos, su nombre aparece en mucha de la bibliografía de la música caribeña, pues su aporte resulta imprescindible no sólo para Cuba sino para la música norteamericana y del Caribe.

Ignacio Arsenio Travieso Scull, nacido el 30 de agosto de 1911 en la finca La Victoria, a unos 500 metros de Güira de Macurijes, tocó durante su medio siglo como músico instrumentos como la marímbula, tambor, guitarra, tres, y compuso guarachas, boleros, afros, pregones, guajiras, lamentos, mambos y cha cha chás. Su gran aporte musical fue haber renovado el son y haber creado las bases para la creación del mambo -disputado con los hermanos López y con Pérez Prado- y de lo que más adelante se llamó salsa.

Sus detractores en aquella difícil década del 40, en Cuba, lo señalaban como el causante de haber desvirtuado al son, con la introducción de la tumbadora, pero Arsenio no se dejó amilanar y desde sus raíces africanas, su profunda sensibilidad social, y su condición absoluta de maestro, dejó un legado musical que ha viajado por el mundo dentro del repertorio de agrupaciones y músicos tan importantes como la Sonora Ponceña, Ray Barreto, los hermanos Palmieri y Johnny Pacheco.






Arsenio nació al amparo de una humilde familia de origen congo que mantenía una fuerte influencia de las tradiciones africanas. Según testimonios de sus familiares, su ceguera empezó a gestarse en Güines cuando su vista empezó a afectarse por la retinosis pigmentaria. A esa enfermedad se añadió una patada de caballo que aceleró el proceso y lo dejó ciego a los 23 años, cuando ya vivía en Marianao. Sus experimentaciones en el campo de la música con timbres africanos -que don Fernando Ortiz etiquetaría en sus estudios como “música afrocubana”- fueron constantes, tanto en su etapa cubana (hasta 1950) como norteamericana (desde 1950 hasta 1970, cuando murió en Los Ángeles).

Los sonidos del barracón, del solar, del barrio fueron recreados como pocos por Arsenio Rodríguez. La influencia negra en su música es patente en temas como Llora timbero, una rumba poco conocida en Cuba y Yo tá namorá, un afro grabado por el Conjunto de Arsenio, en 1940. Pero la consagración en ese tipo de temas vino en 1960, cuando ya Arsenio llevaba años radicado en EE.UU., con Yo nací del África donde juega con una posible genealogía de raíces africanas. “Yo no soy Rodríguez/ Yo no soy Travieso/Tal vez soy Lumumba/ Tal vez Kasavubú/ Yo nací del África…”.

Arsenio Rodríguez se inició como músico en agrupaciones de Güines, el pueblo habanero donde se crió, después se fue a vivir a Marianao ingresando como tresero en el Sexteto Boston, y en 1940 fundó su conjunto en La Habana modificando la estructura de los septetos de son, al agregarle tres trompetas, piano y tumbadora. Pero sus innovaciones musicales no pararon ahí, en la sección final de sus montunos (“diablos”, como él los llamaba) comenzó a marcar la estructura básica del Son. El son montuno ¡So caballo!, de 1943, es el tercer tema de Arsenio en que está presente el “diablo”. Y en eso se basó su creador para reclamar, junto a los hermanos López y Pérez Prado, la invención del “bonito y sabroso” mambo.

De la visita que hizo a Nueva York para chequearse la vista con el oftalmólogo español Ramón Castroviejo (donde le confirmaron que no recuperaría la vista) salió uno de sus temas más bellos pero a la vez más tristes: La vida es un sueño, inspirado en las rimas de Gustavo Adolfo Béquer.

Antes de morir vio nacer y desarrollarse el movimiento musical salsero, que tanto le debía, y supo acoplarse, hasta el final, a nuevas sonoridades y experimentaciones tímbricas. Sus atrevidas fusiones de ritmos, sus arreglos adelantados, las reminiscencias africanas y su genio musical lo hacen uno de los grandes creadores cubanos de todas las épocas. Su música todavía suena joven, sin dejar de ser comercial. Y prueba de ello es la cantidad de músicos que lo han incluido en su repertorio. Desde el edulcorado Xavier Cugat hasta Machito con sus Afrocubans, pasando por Toña La Negra y dos “monstruos” como Pedro Vargas y Benny Moré quienes grabaron en 1954 el tristísimo La vida es un sueño.

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Puede que 20 años no sean nada, como quería Gardel, pero 100 años sí que lo son. Por eso, para celebrar los cien de Arsenio, lo mejor es seguir el consejo de Ignacio Piñeiro y poner sobre una tumba, una rumba.